Su espalda (Relato publicado en Boxing Day. LCK15)


Temblé al verla, mis dedos quisieron tocarla. Pero no la conocía de nada.

Vicálvaro. Estación de tren. Una mañana cualquiera. Subo las escaleras que conducen al andén para esperar mi tren, me siento en un banco y al levantar la cabeza encuentro tu espalda.  Al aire, fresca, ardiente, sencilla, compleja y abstracta. El mapa de las constelaciones que uno busca mirando con un telescopio una madrugada de verano. Sus lunares son las estrellas; los tirantes de su sujetador, las cuerdas para escalar a lo más alto; su nuca es la cima de la montaña, que lleva de tu cuello a tu boca, como un viaje irremediable, como un rito de paso ancestral, como si simplemente eso fuese la esencia de la vida.

Un hada coloreada silba una canción. De su boca sale un pentagrama. Notas simples pero llenas y un texto que le acompaña. Dice: “How I wish…”. Siento envidia. Qué manos llenaron de tinta tu espalda para conocer de cerca su tacto, su olor, el vaivén de su respiración. El tren para, sube tu espalda, mis ojos se iluminan y el tren arranca. Pierdo el tren por no seguir tu espalda, camino de su aliento, camino de tu cara. Prefiero seguir soñando.

Y sueño con algo poético. Yo, el marinero, navegando por tu cuello, queriendo ser el ancla donde amarren tus lunares; queriendo ser Neptuno, azotando entre tus aguas; queriendo ser tu esclavo, remando hasta tu alma; queriendo ser tu todo, siendo tan solo nada.

Y sueño con algo cotidiano. Tú me miras, yo sonrío y hablamos de cualquier chorrada. Te invito a un café y me enseñas tu voz. Cuando suena nuestra alarma, me dirijo hacia tu boca y tú me la regalas. Un guiño, un gesto, una despedida. Tal vez hasta mañana.

Y sueño con algo salvaje. No soy dueño de mis llamas, cabalgo por tus rincones, te meces entre mis brazos, me estremezco por momentos, te retuerces entre el sudor y el jadeo,  y tu pelo, entre mis manos, decide cuándo se acaba.   

Mi banco tiembla. Un estruendo aterrador me retorna violentamente a la realidad. Oigo gritos, veo humo, ha sido cerca, en la siguiente parada. Tu vagón ha explotado, ya no existes, ya no hay nada.

Hoy tu espalda es mi musa, el tren de mis esperanzas, y al calor de la tristeza, de la injusticia y de la rabia, sueño que subo contigo, para sacarte de entre las llamas.

Para todos los que lloraron ese día

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