EL BRASERO QUE MATÓ A SARAH

Sarah. Así se llamaba. Tenía trece años. 

Vivía en Tesalónica, Grecia. Un país secuestrado por la Troika y en el que miles de familias soportan un crudísimo invierno. Las compañías eléctricas han cortado la luz y el gas a miles de familias que no pueden hacer frente a los costes, sin hablar siquiera de las indecentes subidas del servicio desde el inicio de la crisis. 

La madre de Sarah se hizo con un brasero para calentar la casa. Dicen los que saben que los braseros de carbón o derivados tienen elevados riesgos cuando hay escasa ventilación. Emiten gases. Puedes quedarte dormido. No despiertas jamás. Y tampoco vuelves a tener frío.

La policía griega detuvo a la madre, que resultó herida, acusándola de homicidio culposo por negligencia. Era la policía que ampara a un gobierno que debe casi 600.000€ de la factura de la luz de la sede de su partido. 

A continuación, la dejaron libre. Eso sí, le aguardaba una sorpresa. Como no era griega (su origen es serbio) y tampoco estaba "regularizada" (patética palabra que me niego a mencionar sin entrecomillar) la han dado un mes para abandonar el país.

En España, esta es la lista que publicaba hace unos días el periódico 20 Minutos. Son aquellos Ministros o ExPresidentes que se han ido recolocando en empresas energéticas con sueldos millonarios. Es su jubilación y, también, la forma de agradecer un vasallaje. 
Exministros que trabajan para grandes empresas
http://www.20minutos.es/noticia/1653786/0/ministros/sueldos/empresas/
Corrupción pública, legal e inmoral, que exhiben a diario los miembros más destacados del PP y del PSOE en ese engranaje turnista que protege la Constitución y su sistema electoral. Hasta aquí, nada nuevo. Pero como en Grecia, las empresas que pagan la jubilación a los expolíticos del PPSOE han subido los precios de los servicios básicos de cada casa un 50% desde el inicio de la crisis. Una locura si tenemos en cuenta el progresivo empobrecimiento de la gente. La consecuencia es la misma. Como en Grecia, las empresas amigas del PP y del PSOE han cortado la luz a más de medio millón de familias en los dos últimos años, justo cuando más dura era la crisis y cuando más dificultades pasaba la gente que les legitima con su voto. Solo hay una cosa que no ha cambiado. Siguen manteniendo beneficios estratosféricos.

Esto da para muchas falacias, como la de esa portavoz regional de Castilla La-Mancha del PSOE que le dice a Cospedal eso de "hoy está helando y a 70.000 personas le han cortado la luz". Sí, señora, pregúntele a Cospedal, pero también a Solbes, Solana, Felipe González, Borrel, Boyer, a la mujer de alguna futura estrella del PSOE, etc. O son tontos, o lo parecen, o nos toman por ello. 

Es el PSOE. Es el PP. Son los dos los que están consintiendo, además de todo lo demás, que miles de niños estén refugiados en mantas y durmiendo a ocho, diez o doce grados de temperatura porque sus padres no pueden pagar el recibo y las empresas que les pagan les han dejado a oscuras y al rigor del invierno.

Tal vez alguna familia española esté encendiendo el brasero cualquier noche, tarde o mañana como esta. Tal vez suceda algo malo. Ojalá no. Que no ocurra no reduce la responsabilidad de los dos partidos mayoritarios. Son el brazo ejecutor. Son cómplices del frío, del hambre y de la desesperación de la gente. Y, por supuesto, de la muerte cuando esta sucede como consecuencia de lo anterior. Y quien no quiera ver esto, no tiene alma. Se la habrán comido las bestias del neoliberalismo. Pensarán que no hay que exagerar. Volverán a votarles, porque les han dicho que van a cambiar. Actúan como el maltratador, frente a su víctima. Ahora corren a pedir una nueva oportunidad de demostrar su amor por la gente. Lloran detrás de arbustos por las cuchillas que instalan en las vallas de Melilla. Lamentan congelar las pensiones de nuestros mayores. Prometen no volver a recortar nada. Quieren volver a casa, o no salir de ella. Y volverán a golpear. De eso no hay duda. Ya lo hicieron antes. 

Sarah es un nombre más. Aquí tiene su espacio. Para no olvidar qué la mató y, sobre todo, quién lo consintió. En Grecia, en España, en toda Europa. 

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