ACUMULANDO CADÁVERES

Eran seis los comensales que degustaban una selección variada de marisco con vino de Jérez  aquel mediodía. Habían escogido un conocido restaurante de Madrid. Todos habían sido nombrados por el Gobierno en los últimos meses. Eran cargos intermedios, Secretarios o Subsecretarios de Ministerios, que habían medrado de distintas formas. Procedían de diferentes facciones del partido, apenas se conocían y organizaron el banquete para ir tomando confianza. 

Algunos relataban episodios de su pasado para buscar puntos de encuentro comunes. "¿Recuerdas las elecciones del 2.000?" Decía uno. "¿Y las que nos ganó el de la ceja? ¿Recuerdas cómo nos dejó el país el hijo de la gran puta?" Replicaba otro. "¿Y cuando tuvimos que llamar al orden a los socialistas? Eso coincidió con lo de Suárez si mal no recuerdo" Comentaba un tercero. En la otra parte de la mesa, sin embargo, preferían dialogar sobre mujeres. Sí, al parecer había grandes mujeres dentro del partido. Era innegable su valía a pesar de que a menudo eran "puñeteras" y de que todos preferirían poder mostrarse con la naturalidad con la que se expresaba Berlusconi años atrás. Pero no era políticamente correcto para alguien que estaba expuesto a los medios, aunque fueran los de los vecinos de enfrente. Al fin y al cabo, la chaqueta, los zapatos, las corbatas y los gemelos los compraban todos en la misma tienda. La misma que les suministraba los móviles, la misma que les hacía grandes descuentos en selectos restaurantes, la misma que les facilitaba billetes de avión a precios irrisorios, la misma que, años después podría llegar a contratarles como expertos en la distribución del gas y de la luz. 

A los postres, el vino sonrojaba las mejillas de los más orondos. Las copas les soltaban la lengua y el humo de los puros ennegrecía dientes superpuestos a golpe de talonario. Fuera del reservado, los chóferes de cada uno de ellos cambiaban impresiones sobre los fichajes que debería de hacer un equipo de fútbol, o sobre la mala gestión deportiva del rival. Alfonso, el guerrero combativo de noble familia, secretario en el Ministerio de Orden, fue al baño y les vio allí, joviales, intercambiando risas en ambiente distendido. Cuando regresó a la mesa con el resto de comensales, comentó despectivamente: "Estos tíos se pasan el día tocándose los huevos".

Alfonso sabía lo que era el esfuerzo. Aunque su padre fuera Senador, aunque incluso tuviera vínculos con el fundador del partido a partir de unos negocios de suelo en su Galicia natal, evitó ascender a dedo con rapidez. Quiso labrar su camino porque la segunda opción ya la tenía garantizada. Estudió Derecho en Santiago, se hizo patrón de barco y montó un negocio alrededor del club náutico de Sanxenxo. Cuando se fue girando la tuerca, cuando tocó recortar derechos y tomar decisiones férreas, entonces optó por asumir responsabilidades. Los primeros años daba indicaciones precisas a los jefes controlados de la policía. A veces, incluso, él mismo tomaba partido y rastreaba en redes sociales todas aquellas opiniones que le parecían vejatorias. Era terco y si se empeñaba en parar los pies a alguien, lo hacía. Al precio que fuera y siempre en nombre de la democracia. 

Aún, algunas noches, Alfonso se despertaba entre escalofríos. De nuevo, el mismo recuerdo. Era él, con el traje habitual, cogiendo cuerpos inertes desde atrás, y desplazándolos al rincón de una lúgubre sala de su Ministerio. Amontonaba cadáveres y se manchaba los zapatos de sangre.


Alguien le había explicado que no tenía nada que temer, que la democracia estaba en riesgo y que eso sucedía porque así Dios lo había querido. Y Alfonso añoraba la cocaína y las chicas fáciles de las discotecas de los viejos narcos gallegos, porque sabía que, tarde o temprano, le tocaría mancharse los zapatos de nuevo. 
http://mavalo.artelista.com/


Comentarios

  1. No mencionas a los comunistas ni a los sindicatos, sólo a los socialistas, que falta de respeto. Claro, la izq. Auténtica sólo come pancarta, claro! Ahora lo entiendo. Por cierto, apellidos del atormentado Alfonfo. Gracias

    ResponderEliminar

Publicar un comentario